Yo considero que conocidos tengo muchos, unos más tratables, otros más especiales, pero lo que son realmente amigas, por las que haría cualquier cosa, las cuento con los dedos de una mano. Las cosas claras. Y si ya son transparentes, mejor.
Y eso es porque las amigas verdaderas son tan difíciles de encontrar como dos gotas de agua idénticas. Es que no se encuentran todos los días. Ni todos los años. La buena amistad son años de confianza, momentos demasiado memorables y empujones acertados.
Es saber que realmente va a estar ahí a pesar de las consecuencias porque te lo ha demostrado no una ni cien veces, sino infinitas. Y sobre todo, es saber que va a haber alguien que te diga “basta” cuando nadie más se atreve.
Para mí, una amiga te felicita cuando has actuado bien y te pone los puntos sobre cuando lo has hecho mal.
Con una amiga, siempre tienes unos planes fijos que no harías con absolutamente nadie más.
Una amiga es aquella con la que vas a un concierto, y cantarían como un par de locas. Hasta puede que se emocionen. Una amiga es la que te convence para ir a un festival de música, después de decir que jamás pisarías semejante lugar, y que cuando acabe darte cuenta de que te lo has pasado como nunca.
Una amiga es aquella con la que vas a un concierto, y cantarían como un par de locas. Hasta puede que se emocionen. Una amiga es la que te convence para ir a un festival de música, después de decir que jamás pisarías semejante lugar, y que cuando acabe darte cuenta de que te lo has pasado como nunca.
Una amiga es la persona con la que te quieres ir a vivir. Está ya pensado todo: la zona, cómo va ser el piso y el buen plan que es. La decisión no es casualidad sino fruto de la más pura de las estrategias elaborada durante años porque ya que estamos, hay que vivir al máximo. Que dicen que la vida son dos días, pero si conseguimos estirarlo a tres, las dos sabremos que hemos vencido.

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